Artículo actualizado el 3 de septiembre de 2026.

Ceuta atraviesa una situación excepcional que reúne presión sobre los servicios públicos, incertidumbre política, preocupación por la seguridad y una emergencia humanitaria. Es comprensible que aparezcan miedo, indignación y sensación de descontrol. Sin embargo, precisamente cuando la alarma colectiva aumenta conviene vigilar un mecanismo psicológico muy antiguo: el miedo al otro, es decir, el momento en que dejamos de observar conductas y circunstancias concretas y empezamos a percibir a todo un grupo como una única amenaza.
La psicología no debe utilizarse para negar los problemas reales ni para desautorizar el malestar de quienes los viven. Su tarea es ayudarnos a distinguir entre los hechos, las predicciones y las generalizaciones. Esa distinción permite reclamar soluciones eficaces sin perder la capacidad de ver a las personas.
Ceuta: dos miedos que conviven en el mismo espacio
El Gobierno ha declarado la situación de interés para la seguridad nacional y ha anunciado medidas extraordinarias para reforzar la acogida, la seguridad y los servicios de la ciudad. Entre ellas figuran nuevos espacios asistenciales y un paquete económico específico. Al mismo tiempo, las crónicas de estos días muestran miedo entre parte de la población ceutí y también entre personas migrantes que temen sufrir agresiones o quedar atrapadas en una situación sin salida.
Reconocer ambos miedos no significa afirmar que sean idénticos ni repartir responsabilidades de forma automática. Significa aceptar un dato psicológico esencial: cuando dos grupos se sienten amenazados, cada uno empieza a interpretar al otro desde la alarma. A partir de ahí, un gesto ambiguo parece hostil, un caso individual se convierte en regla y cualquier información que confirme el temor adquiere más fuerza que la que lo matiza.
¿Cómo se construye el miedo al otro?
1. La mente simplifica lo que no conoce
Cuando conocemos poco a las personas de otro grupo, tendemos a percibirlas como más parecidas entre sí de lo que realmente son. Dejamos de ver historias, edades, decisiones y responsabilidades individuales. Aparece un bloque mental: “ellos”. Esta simplificación reduce la complejidad, pero aumenta el riesgo de atribuir a todos la conducta de algunos.
2. Lo más impactante parece lo más frecuente
Las imágenes repetidas, los incidentes graves y los mensajes alarmantes se recuerdan con facilidad. El cerebro confunde entonces disponibilidad con probabilidad: si un hecho aparece constantemente en la conversación o en la pantalla, sentimos que representa toda la realidad. Las redes sociales intensifican este efecto porque premian el contenido que provoca una reacción rápida.
3. La incertidumbre busca una explicación sencilla
Una crisis compleja incluye decisiones institucionales, recursos limitados, leyes, relaciones internacionales y experiencias humanas muy distintas. Bajo estrés, la mente prefiere una causa única y visible. Convertir al extraño en explicación total alivia momentáneamente la incertidumbre, aunque no resuelva el problema.
4. El miedo se contagia
Las emociones también circulan entre personas. El tono de una conversación, un vídeo fuera de contexto o un rumor pueden activar la alarma antes de que comprobemos la información. Cuando el grupo valida esa alarma, cuestionarla puede sentirse como una traición. Así, la identidad colectiva empieza a organizarse alrededor de aquello que teme.
Del miedo a Dios al miedo al vecino: una idea del libro
En Vencer y superar el miedo explico cómo, en distintos momentos históricos, la incertidumbre y el control social transformaron al diferente en una figura amenazante. El extraño dejó de ser únicamente alguien desconocido y pasó a ser el vecino, el amigo o la persona a la que se atribuía una intención oculta. Esa construcción de la “otredad” permitió unir a unos mediante el temor hacia otros.
El mecanismo sigue presente, aunque cambien los escenarios. No consiste en que toda preocupación sea irracional. Consiste en que una preocupación legítima puede ampliarse hasta deformar la percepción: del hecho concreto pasamos a la identidad; de “esta conducta me preocupa” pasamos a “estas personas son peligrosas”. Ese salto es psicológicamente comprensible, pero socialmente muy costoso.
Comprender no significa justificar
Humanizar a una persona no obliga a aprobar sus actos. Defender que se cumpla la ley no exige deshumanizar. Pedir seguridad no obliga a difundir rumores. Y reconocer una emergencia humanitaria no implica ignorar la presión que soportan los vecinos y los servicios públicos.
El pensamiento más útil admite varias verdades a la vez: pueden existir problemas graves que requieren respuesta institucional y, al mismo tiempo, pueden producirse generalizaciones injustas. La madurez psicológica aparece cuando somos capaces de sostener esa complejidad sin refugiarnos en una historia total de buenos y malos.
Un ejercicio para no pensar desde la alarma
Antes de compartir una noticia, responder a un comentario o sacar una conclusión sobre un grupo, divide una hoja en tres partes:
- Lo que sé: hechos observables, fechas, cifras con fuente y conductas concretas.
- Lo que mi mente añade: predicciones, etiquetas, intenciones atribuidas y generalizaciones.
- La respuesta que elijo: una acción compatible con la seguridad, la legalidad y la dignidad humana.
Este ejercicio no elimina el miedo. Le devuelve su función adecuada: avisarnos de que debemos prestar atención, sin permitir que decida por nosotros.
Cinco pautas para informarnos con más claridad
- Comprobar la fecha, la fuente y el contexto completo antes de compartir.
- Describir conductas concretas en lugar de etiquetar identidades enteras.
- Reducir la exposición repetitiva cuando solo aumenta activación y no aporta datos nuevos.
- Buscar información institucional y contrastarla con periodismo profesional de distintas líneas editoriales.
- Recordar que la empatía y la exigencia de soluciones pueden coexistir.
Cuando el miedo empieza a ocupar demasiado espacio
Si la preocupación se convierte en hipervigilancia constante, irritabilidad, insomnio, evitación o una necesidad continua de comprobar noticias, puede ser útil pedir ayuda profesional. En AC Psicología, en Cartagena, trabajamos para que la alarma deje de organizar la vida y la persona recupere claridad y capacidad de elección.
También puedes ampliar esta reflexión en Vencer y superar el miedo, disponible en Amazon.
Fuentes consultadas
- Boletín Oficial del Estado: situación de interés para la seguridad nacional en Ceuta.
- La Moncloa: medidas para la seguridad, los servicios y la acogida en Ceuta.
- Associated Press: protestas relacionadas con la crisis fronteriza de Ceuta.
- EL PAÍS: testimonios de miedo entre personas migrantes en Ceuta.
Este artículo ofrece una reflexión psicológica e informativa. No sustituye una evaluación individual ni pretende realizar un análisis jurídico o político de la situación.

Javier Aparicio Mercader es un psicólogo con una vasta experiencia y una sólida formación en múltiples áreas de la psicología. Con una carrera que abarca más de una década, Javier ha desempeñado roles clave como psicólogo escolar, clínico, forense, orientador, psicoterapeuta y psicólogo infantil. Su dedicación y compromiso con la profesión se reflejan en su profundo conocimiento y habilidades en cada uno de estos campos.
Durante los últimos 10 años, Javier ha trabajado incansablemente para mejorar la salud mental y el bienestar de sus pacientes. Ha acumulado una amplia experiencia, permitiéndole abordar una variedad de problemáticas con una perspectiva holística y bien informada. Su enfoque integral le permite proporcionar tratamientos personalizados y efectivos, adaptándose a las necesidades específicas de cada individuo.
Desde hace 5 años, Javier dirige su propio gabinete de psicología, donde lidera un equipo de profesionales altamente capacitados. Este equipo multidisciplinario trabaja en conjunto para ofrecer servicios especializados en todas las ramas de la psicología, incluyendo la atención a trastornos emocionales, conductuales y de desarrollo en niños, adolescentes y adultos. Bajo su liderazgo, el gabinete se ha convertido en un referente en el campo de la psicología, ofreciendo un entorno seguro y de apoyo donde los pacientes pueden explorar y superar sus desafíos personales.
Javier es conocido por su enfoque estratégico y su capacidad para establecer una conexión auténtica con sus pacientes. Su pasión por la psicología y su deseo de ayudar a los demás lo impulsan a mantenerse actualizado con las últimas investigaciones y técnicas terapéuticas. Esto le permite ofrecer intervenciones basadas en la evidencia que promueven cambios significativos y duraderos en la vida de sus pacientes.






